domingo, 26 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
CLAVES PARA UN MATRIMONIO FELIZ
No todo el mundo se casa. Y no todas las parejas deciden tener hijos. Jesús fue soltero, y dijo que la soltería es un don cuando se escoge. Por eso aquellos que hemos escogido casarnos debemos tratar que el amor siempre permanezca en nosotros.
En el matrimonio, el amor es verdaderamente, "un vínculo perfecto de unión", (Colosenses 3:14), une a los cónyuges y hace que actúen de la manera más provechosa para ambos y para los hijos.
Cuando las familias se enfrentan a situaciones difíciles, el amor los ayuda a tratar unidos los problemas.
Cuando la pareja envejece, el amor ayuda a los cónyuges a apoyarse mutuamente y a seguir queriéndose.
“El amor, no busca su propio interés, todas las cosas la soporta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor nunca falla.” (1 corintios 13:4-8). El vínculo matrimonial es especialmente fuerte cuando no solo está consolidado por el amor entre los cónyuges, sino especialmente por el amor a Cristo Jesús. (Eclesiastés 4:9-12)
Mi matrimonio es joven, a penas llegamos a los 13 años, cuando Dios bendijo nuestra unión no nos dijo que era temporal, teníamos que vivir juntos para siempre. Para llegar a estos años yo he identificado varias claves básicas:
La primera es el amor. La Biblia nos habla de las diferentes clases de amor.
- El afecto o cariño que se siente por otra persona, el amor que se tienen los amigos íntimos. (Juan 11:3)
- El amor que se profesan los componentes de la familia. (Romanos 12:10.)
- El amor romántico que se siente por una persona de distinto sexo. (Proverbios 5:15-20).
La palabra para esta cuarta clase de amor es a-gá-pe. Este es el término que se utiliza en (1 Juan 4:8), donde dice: “Dios es amor”. En realidad, “amamos, porque Dios nos amó primero”. (1 Juan 4:19).
Nosotros los cristianos debemos cultivar este amor primero a Dios y luego a nuestro semejante. Cuando las parejas cultivan este amor a Dios y entre sí, la relación es permanente y feliz, pues el amor nunca falla. El amor es un vínculo perfecto de unión, nos dice (Colosenses 3:18). Nosotros podemos cultivar esta clase amor, leyendo la palabra de Dios juntos en familia y comentarlas, asistiendo a las reuniones de nuestra comunidad, donde se enseña la Palabra de Dios, y pidiendo a Dios su ayuda para cultivar esa clase sublime de amor; un fruto de su Espíritu Santo (Proverbios 3:5,6; Juan 17:3; Gálatas 5:22).
Busquen cada cita y verán lo provechoso que será no solo para el matrimonio, sino para nuestras vidas.
Si dos personas casadas se quieren de verdad, también se tendrán respeto, y esta es la segunda clave para un matrimonio feliz.
Los que desean ser felices en su matrimonio, deben respetarse mutuamente, “no vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal de la pareja (Filipenses 2:4).
No piensan solo en su conveniencia personal, lo cual sería muestra de egoísmo, sino que consideran lo que es mejor para su pareja. Es más, anteponen los intereses de esta a los suyos.
El respeto, ayuda al matrimonio a aceptar las diferencias de opinión. No es razonable esperar que dos personas tengan criterios idénticos en todo. Lo que puede ser importante para el esposo, posiblemente no lo sea para la esposa, y lo que a esta le gusta, puede que no le agrade a él. Pero cada uno debe respetar los criterios y gustos del otro, en tanto, estos estén dentro del marco de las leyes y principios de Dios. Además, cada uno debe respetar la dignidad de su pareja, no haciéndola objeto de comentarios o bromas degradantes, ni en público, ni en privado.
En efecto, el amor a Dios y el amor y respeto mutuo, son dos claves fundamentales para tener éxito en el matrimonio.
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